Cuando parte del trabajo se realiza fuera de la sede, la exposición de la empresa puede cambiar.

No siempre se percibe como un riesgo nuevo.

En muchos casos, estas situaciones quedan integradas en la operativa diaria y se gestionan con normalidad.

En ese punto, conviene revisar la protección desde la realidad en la que se desarrolla el trabajo:

  • qué bienes salen de la empresa
  • quién los utiliza
  • durante cuánto tiempo
  • en qué condiciones se utilizan
  • qué respuesta habría ante una pérdida o daño

Si esta parte del funcionamiento no se analiza, pueden aparecer situaciones que la protección habitual no contemple con suficiente precisión.

Una empresa puede tener bien organizada su actividad principal y, aun así, mantener zonas de exposición fuera de la sede.

Gestionar riesgos implica entender dónde se desarrolla realmente la actividad y cómo puede cambiar la exposición en cada contexto.